
Cuando los hados prósperos disponen que dos almas se encuentren en el teatro del mundo y decidan enlazar sus venturas bajo el dulce yugo del himeneo, menester es que tan señalado suceso quede perpetuado en los anales de la posteridad con la solemnidad que tales empresas amorosas requieren.
Así pues, plugo a la fortuna que don Emilio Waldo Macaine〈n°18〉, varón de honradas prendas, prendase de los encantos y virtudes de doña Erneste Gesuina Clementina Modina〈n°19〉 —conocida en los registros de la escribanía criolla bajo la forma castellana de Ernesta Modini—, y que ambos, inflamados del fuego del amor honesto, resolviesen sellar su mutua correspondencia con los lazos indisolubles del sacramento matrimonial.
Aconteció tan venturosa empresa el día vigésimo del mes que los antiguos dedicaron a Vulcano, siendo septiembre, del año de gracia de mil novecientos y doce, dentro de los términos de la villa de Santo Tomé, lugar insigne del Departamento La Capital, en los dominios de la Provincia de Santa Fe, República Argentina, tierra ubérrima donde medran los frutos del amor y la concordia bajo el manto protector de nuestras leyes patrias.
Ha sido mi dicha poder obtener testimonio auténtico de tan memorable acontecimiento, merced a la cortés liberalidad de los escribanos del Registro Civil de la Provincia de Santa Fe, quienes, movidos por la natural propensión a favorecer las justas pesquisas genealógicas, tuvieron a bien despacharme copia fiel del acta que perpetúa tan dichoso consorcio.
No es menester encarecer la importancia que semejante documento encierra, pues bien sabido es que en tales instrumentos se cifra no solo la constancia jurídica de un enlace, sino el testimonio de aquel instante en que dos corazones, despreciando las incertidumbres del mundo, se prometieron mutua fidelidad hasta que la muerte los apartase, fundando así nuevo solar donde habría de florecer la descendencia que perpetuase sus nombres y virtudes.
Sirva, pues, esta presentación de pórtico y entrada a tan venerando documento, para que cuantos en él pongan los ojos puedan admirar la constancia de aquellos que, en los albores del siglo pasado, supieron honrar con su ejemplo las santas costumbres del matrimonio cristiano.