En el primer día del mes de febrero, del año de gracia de mil novecientos once, en el solar que llaman Santa Fe de la Vera Cruz —cabeza del Departamento La Capital, en la siempre fecunda y altiva Provincia de Santa Fe, República Argentina— vio la luz Juan Pedro Vetti〈n°10b〉, infante llamado a ser eslabón viviente de una estirpe cuya huella, por largo tiempo, se creyó perdida entre el polvo y el olvido.
Y fue que, habiendo yo escudriñado archivos, consultado índices y recorrido, con el alma en vilo, las sendas de la genealogía como caballero que busca reliquia sagrada, me fue otorgado —por el digno Registro Civil de dicha provincia— este testimonio escrito, acta fiel y sellada, que da fe del nacimiento de aquel varón.
He aquí, pues, no un mero papel, sino un vestigio sagrado del origen, un eco en tinta de la sangre y la historia, que viene a ocupar, con humilde majestad, su sitio en el tapiz de mi memoria ancestral.